Programación Neuro-Lingüística: Sobre palabras y trincheras

Abr 3, 2019 | PNL

Me gusta pensar en la PNL como en una especie de cubismo emocional que nos ayuda a ser más felices. Si los pintores cubistas pretendían acercarse a la realidad desde diferentes ópticas y puntos de vista, mostrar que eso que llamamos verdad es una construcción subjetiva y cambiante, la PNL también nos permite colocarnos en ese lugar de la perspectiva múltiple; nos saca de nuestras casillas y nos coloca en otras posiciones para abordar el mundo desde otros lugares.

De este modo, la PNL nos dota de una herramienta fundamental para dar ese primer paso hacia el cambio, por mínimo que nos parezca: otra perspectiva, otro ángulo. Una presuposición de la PNL es que “el mapa no es el territorio”. Nuestra concepción de la realidad no es más que eso: otra idea posible de lo que nos rodea; otra más de las infinitas formas en que el mundo se nos presenta.

La PNL nos hace artífices de nuestra propia evolución; nos otorga conciencia de nuestra capacidad para mejorar nuestra relación con nuestro entorno y con nosotros mismos. Este nuevo enfoque nos ayuda a superar esos límites que parecían muros infranqueables. La frustración, el miedo, la angustia… Nuestras compulsiones pasan de ser esa piedra con la que tropezamos cada mañana para convertirse en una oportunidad de liberarnos de nuestras ataduras. Un nuevo enfoque cambia la realidad; un nuevo prisma reformula el objetivo. Una nueva mirada sobre la vida de la que formamos parte nos convierte en protagonistas de esta remodelación emocional. Y ese Principio de Incertidumbre que transforma el mundo con su sola mirada es un bonito punto de anclaje.

En esta tarea de remodelado personal nos valemos de palabras, que cobran una importancia vital en esta transformación. Sólo somos capaces de entender el mundo con palabras. Las palabras son esos hilitos que unen el mundo con nuestras ideas; esos cajoncitos donde vamos metiendo cada pedacito de la realidad que nos contiene. A cada cosa, su etiqueta. Y así vamos categorizando y dando forma y sustancia a todo aquello que se alza más allá de nuestra piel. Trazando nuevos caminos, escogiendo nuevas palabras, otorgando a cada una su valor, su posición, su flexibilidad pertinentes… Sólo así adquirimos la habilidad de transformar nuestro enfoque del mundo en una visión más positiva, de redefinir el contorno de una realidad más amable, constructiva y, por ende, menos limitante. Aligerar las palabras de su lastre es otra forma de armonizar esa artrosis emocional que nos atrofia y nos paraliza.

Y quiero insistir en el hecho de que somos nosotros mismos quienes provocamos todos estos cambios; somos nosotros quienes potenciamos nuestras habilidades comunicativas; somos nosotros quienes conquistamos una mirada amable sobre el mundo y sobre nuestra propia conducta. La PNL entreteje la esperanza de que todo puede ser transformado. Un arma que blandimos contra el fatalismo y el victimismo, que nos permite tender un puente sobre ese barrizal de traumas y limitaciones en el que solíamos regodearnos. Una nueva brújula que marca otros nortes posibles; un nuevo diccionario que da fe de otro mundo; un acomodador que nos posiciona en otro asiento más cómodo regalándonos otra mirada sobre el escenario que, a la vez, transitamos como actantes.

Así llegamos a otro de los pilares que fundamentan la PNL: la comunicación. Siempre estamos comunicando; nos pasamos la vida lanzando mensajes al mundo, sean éstos conscientes o no. De hecho, son más y más poderosos los lenguajes que no controlamos, aquellos que se escapan a nuestra consciencia, que aquellos que creíamos dominar. Aprender de qué modo interactuamos con los demás nos capacita para mostrar de forma más eficiente qué queremos ofrecer al mundo y obtener ese feedback deseado. 

En definitiva, la PNL se proyecta como una esperanza de cambio, una estrategia para mejorar nuestra existencia. Un filtro que nos da una visión relativizada, una herramienta que optimiza nuestros recursos, una aplicación que resetea nuestras conductas tóxicas. Con la PNL engrasamos las palabras y los gestos. Derribamos muros. Diluimos limitaciones. Y así entendemos que esa verdad que nos moldea y que se atrinchera tras las palabras y los silencios es más flexible de lo que creíamos.

Ximo

Doctorando en Filología

Master-Practitioner en PNL

Escritor

Percusionista

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