Cuando conocí el Chi-Kung supe que nunca estaría sola…

Abr 16, 2019 | Chi Kung

Cuando conocí el Chi-Kung, me encontraba en un momento muy difícil.

Uno de esos que no sabes donde va tu vida, ni por donde seguir. De total confusión y desconcierto. Me encontraba bloqueada física y moralmente. Alguien me dice que sería bueno que hiciera Chi-Kung, y eso me sonó a chino más aún que el propio nombre, pero acepté ir a ver qué era.

Al principio no comprendía nada, me limité a copiar los movimientos que hacía mi maestra y a obedecer lo que ella decía. ¿Qué pasó no sé? pero con algo contacte pues volví a la clase siguiente, y a la otra, y a la otra. Sólo sé que cuando salía de clase mi estado de ánimo era diferente, ni mejor ni peor, diferente.

Yo creo que solo seguir el movimiento te lleva a un estado determinado. Nuevo, algo que empiezas a percibir. Cuanto más lo practico más aliciente le encuentro, recurro a él en mi vida para todo. En situaciones en las cuales el dolor supera mi tolerancia y los fármacos no hacen el efecto esperado. Yo contacto con el Chi-Kung. No hay un método específico, yo pregunto ¿qué hacer? Entonces llevo la respiración al lugar del dolor, de la preocupación, de lo que sea que me inquieta y, dependiendo de mi creatividad, trato de sentir cómo es, qué color tiene, a qué sabe, cómo es la textura, que sensación me produce… Entonces, y sin dejar de llevar la respiración, me quedo sintiendo qué pasa. Si para esa situación en particular conozco el movimiento lo hago, si no, sigo mi instinto y hago aquello que me pide el cuerpo. Cuando consigo la máxima concentración el dolor desaparece o por lo menos disminuye y cualquier situación cambia.

Cuando en algún momento mis articulaciones se inflaman o sucede que no puedo andar por varios motivos, entro en comunicación con esa parte, respiro y le pregunto ¿cómo hacer? Y muy, muy despacio, empiezo a mover o a estirar o a dejar reposar, o lo que sea que me pida el cuerpo, y cuando se nota un crujir suave el dolor disminuye y la articulación se puede mover.

Con las jaquecas siento que es una subida de energía muy fuerte, entonces respirando hago que baje y en la expulsión que salga, por los poros de la piel o por los orificios naturales del cuerpo.

Cuando no puedo dormir por la causa que sea, visualizo como me gustaría estar en ese momento, puede ser dormida, siento ese estado de máxima relajación, llevo la respiración al abdomen y relajo cualquier tensión. Si no lo consigo, lleno mi cuerpo de energía y está totalmente descansado.

Hay veces que tienes que pasar por situaciones que tu cabeza no entiende y tu cuerpo se resiste. Son de muchas formas. En especial quiero hacer hincapié en esas que tienes que permanecer en cama sin poder moverte y sin fuerzas para nada. No puedes leer, te cansan las personas… llegas a pensar que estar muerto tiene que parecerse a ese estado. Y es entonces que a algo te agarras. Sólo abrir los ojos es un esfuerzo tan grande, que prefieres cerrarlos y en esa oscuridad solo oyes la respiración, y te quedas ahí, escuchando sintiendo ¿qué pasa? y alguien o algo hace que encuentres la calma, y te da las fuerzas que se habían agotado, y sientes que puedes continuar.

Cuando conocí el Chi-Kung supe que nunca estaría sola. Es a lo que recurro para todo lo que necesito. Me ha hecho ser más elástica, más flexible, relajada, tengo mas calma y soy más sensible. Puedo permanecer sin hacer nada, sólo estando y percibiendo, eso me hace feliz. Cada día soy más consciente de mi cuerpo y de lo que me rodea.

Concha Marín

Alumna de Chi-Kung (Qi Gong)

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