Proactivo vs Reactivo

por | Oct 28, 2019 | Coaching, PNL, Psicología

¿Soy quien quiero ser?

Me he hecho esta pregunta muchas veces y la respuesta siempre es no.

No puedo ser quien quiero ser cuando hay tantas cosas en mi pasado reciente con las que no estoy satisfecho y sobretodo con tantos momentos en los que siento que no he sido el dueño de mis actos. Mirando mi propio pasado encuentro contestaciones, pensamientos y acciones que no me gustan. ¿Cómo lo he hecho? ¿Cómo es que hacemos cosas que no queremos hacer? Esta sensación se acentúa en momentos de crisis en los que podemos llegar a hacer cosas de las que luego realmente nos arrepentimos. Pero a menor escala también ocurre, y continuamente. Por lo que he podido comprobar es una experiencia compartida. Todo esto se puede entender más fácilmente si observamos en qué modo estamos funcionando, si en un estado de ausencia (Reactivo) o en un estado de presencia (Proactivo).

Vamos por la vida con un piloto automático, en el cual nuestros pensamientos, sensaciones y acciones van automáticamente. Con un poco de aislamiento y observación podemos ver que nuestros pensamientos van libremente por nuestra mente, y que casi no podemos dejar de tenerlos. Las sensaciones van íntimamente ligadas a ellos y también parece que tenemos poco control sobre ellas. Pero las acciones sí deberían ser elegidas por nosotros, somos seres racionales como se nos ha repetido hasta la saciedad ¿no? Pues no. Somos bastante irracionales. Y la idea de que somos dueños y señores de nuestras decisiones es falsa (Ver Subliminal – Leonard Mlodinow). Este piloto automático se debe a que nuestro cerebro es una máquina de automatizar procesos. Lo que al principio nos cuesta más (conducir, un deporte, memorizar…) se va haciendo cada vez más fácil, como si fuera un músculo que se va haciendo más fuerte con la repetición de un esfuerzo. Esto nos facilita mucho la vida, ya que no tenemos que estar gastando energía (atención) en cosas que ya hemos hecho muchas veces. También tiene su contrapartida, estamos como ausentes, nuestra atención está dividida y reaccionamos ante los eventos externos instantáneamente. No hay filtro entre lo que nos viene y lo que hacemos. Esta es una forma exagerada de mostrarlo pero nos puede ayudar a verlo en nosotros mismos. Es el modo Reactivo.

Por otro lado hay momentos de reflexión, donde parece que las cosas se paran y podemos pensar con claridad. Tomamos consciencia de lo que estamos sintiendo y de lo que nos pasa. Desde ahí podemos tomar decisiones plenamente conscientes que estén en concordancia con nuestros valores y nuestra forma de pensar. De eso ya no nos podemos arrepentir (o al menos no sería justo hacerlo). Podemos respirar hondo y cambiar el tono de las cosas, modificar el hilo del pensamiento y enfocarnos hacia una situación más positiva. En este estado lo que hacemos nos ocupa totalmente la atención, estamos inmersos en ello y prestar atención a algo más cuesta esfuerzo. Este es el estado de presencia, el modo Proactivo.

¿Qué otras diferencias podemos encontrar entre el modo reactivo y el modo proactivo? Como ya hemos observado la diferencia fundamental es el estado interno, donde en modo proactivo uno está presente y en modo reactivo se está ausente (por supuesto hay escalas para estos estados, no es dicotómico). Esto lleva a dos modos de estar, uno en piloto automático (ausente) y otro consciente (presente). Cuando se está en piloto automático nuestro rumbo depende de los factores externos, los eventos pueden hacer que nos desviemos, algo inesperado, una intervención, un imprevisto hará que nos salgamos de nuestro eje y vayamos fuera de él hasta que volvamos a un estado de consciencia y nos demos cuenta. En el estado de consciencia nuestro rumbo es escogido, decidimos si estamos de acuerdo con lo que estamos haciendo, si vamos en el camino correcto y establecemos la dirección de nuestras acciones. En este estado se trabaja en el presente y mirando al futuro, en contra posición al modo reactivo donde hemos actuado según el piloto automático, que se basa en nuestras reacciones anteriores y en cómo respondemos a los eventos (condicionamientos), que está todo en el pasado. Esto hace que nuestras acciones sean impulsivas, ya que se basan en mecanismos automáticos disparados muchas veces por la amígdala que hace que sintamos emociones antes incluso de saber qué es lo que está pasando. Esto es inevitable ya que es un mecanismo del cerebro, pero hay un espacio entre que sentimos una emoción y actuamos, ahí es donde entra el córtex prefrontal y podemos reflexionar sobre qué hacer ante eso.

Otra gran diferencia que podemos encontrar entre estos dos modos se manifiesta a la hora de afrontar cambios. Un concepto que nos ayuda a entender esto es la Zona de Confort, este es el lugar donde estamos acostumbrados a estar, se compone de contextos, conductas, estrategias y creencias, un número limitado de ellas. Son precisamente las que más usamos, aquellas con las que trabajamos continuamente. No tiene nada de malo tener un conjunto estrella de todas estas cosas, el problema viene cuando éstas son las únicas que (inconscientemente) queremos usar. Por ejemplo, nada tiene de malo trabajar en el mismo lugar todos los días. Ahora bien, si un día por lo que sea te cambian el lugar de trabajo y eso te genera ansiedad y malhumor y te pasas las horas de trabajo quejándote y enfadado, pues quizás sí es un problema. Esto que parece algo ridículo con los contextos, lo hacemos continuamente con las conductas y las estrategias. Nos resistimos muchas veces a dar nuestro brazo a torcer y a actuar de modo diferente. Nos proponen otra forma de hacer las cosas y lo primero que nos sale es un no, o lo primero que vemos son las pegas a ese plan…

Somos resistentes ya que el cambio exige esfuerzo mental, los nuevos contextos son más información, cosas imprevisibles ocurren. Las conductas nuevas cuestan esfuerzo ya que nuestros músculos no están acostumbrados. Además estas se basan en estrategias nuevas que van a estar continuamente siendo cuestionadas por nosotros mismos esperando a que ocurra la mínima dificultad para decir Ajá te lo dije, esto no va a funcionar. Mejor como lo hacía antes… (¿te suena?). No creo que a nadie le cueste ver que esto ocurre de forma aún más aguda con las creencias y los valores, de hecho cambiar de creencias es como tabú en nuestra sociedad, parece algo inasumible… uno es de un partido político, o tiene unas ideas sobre los temas (¿te has fijado que la mayoría de personas ya tiene una opinión formada sobre casi cualquier cosa?) y son inmutables a veces hasta niveles vergonzosos, pese al refrán …rectificar es de sabios.

Por tanto ¿cómo nos enfrentamos a los cambios en el modo reactivo? de manera resistente, es decir somos conservadores de nuestra propia forma de hacer y pensar. Nos colocamos en posición defensiva para que todo siga como hasta ahora, y reaccionamos de manera emocional negativa contra las propuestas de cambio, sobretodo si vienen de alguien en quien no confiamos o que ya nos ha fallado antes. Nos volvemos rígidos e intransigentes, y cuanto mayor tensión haya en el ambiente, más agudos serán estos síntomas. (Cierto es que hay gente que no se vuelve intransigente, si no lo contrario, transigen ante cualquier propuesta de cambio y no consiguen dar su opinión y se ven pisoteadas. Esta persona también está en su zona de confort -no pensar que la zona de confort es siempre agradable-, ya que enfrentarse a alguien es mucho peor para ella que tratar de hacerse escuchar.) En cambio en modo Proactivo estamos abiertos al cambio, los inconvenientes de lo nuevo no nos pesan tanto y ante un problema nos pondremos resolutivos. De hecho estar en modo proactivo es la única manera de crear algo nuevo, la creatividad pasa por dejar a un lado los juicios y estar abiertos a lo que llega. El proactivo sale a menudo de su zona de confort, sabedor de que allí se encuentra a menudo la respuesta, y trata de incorporar lo que encuentra en su zona, ampliándola.

Como conclusión remarcar que estas descripciones no pretenden ser exactas ni extensivas. Más bien un espejo en el que poder mirarnos, y ver cuántas veces y en qué grado hemos estado (y nos seguimos poniendo) en estos modos. Tampoco trato de hacer un juicio moralizante sobre los dos modos, son formas naturales de proceder y que nos ayudan tanto a tratar con las rutinas y proteger lo que es nuestro como a progresar y adaptarnos a los cambios. Mi propuesta es que si uno quiere ser quien quiere ser, posiblemente haya de visitar más a menudo el estado proactivo para chequear si está siguiendo el rumbo adecuado o si sin darse cuenta se ha desviado y está vagando por la vida reaccionando ante lo que sucede sin elegir las respuestas.

Material extraído del taller Tu Vida, Tu viaje.

Noel Triguero Torres

Coach Personal

Licenciado en Matemáticas.

Máster Profesorado de Secundaria. Master Trainer en PNL.

Coach Personal certificado por OCCI.

PNL Sistémica. Facilitador de talleres de Desarrollo Personal, Gestión del estrés y Relajación y Motivación.

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